Eduardo Mackenzie es un periodista colombiano residente en París desde hace más de una década. Es autor del libro "Les Farc ou l'echec d'un communisme de combat" (París, Editions Publibook).
La votación del 30 de mayo evidenció que la hora de la ingratitud y del cinismo no ha llegado a Colombia. El llamado de Juan Manuel Santos a la unidad nacional tiene un substrato positivo: la continuidad y el perfeccionamiento del legado uribista. La unidad se hará sobre esa base.
Los nueve jóvenes colombianos asesinados en Venezuela eran muchachos que vivían pobremente en Chururú, un pueblito del estado de Táchira, donde fueron secuestrados por “uniformados” el 11 de octubre de 2009. Sus cuerpos fueron hallados 13 días después en varios puntos no lejos de la frontera con Colombia.
La guerra que Hugo Chávez prepara desde hace años contra Colombia ya comenzó. No ver algo tan evidente es inadmisible. Por ahora, esa guerra adopta dos formas: la guerra psicológica y la guerra económica. Ambas guerras son muy reales y pueden ser muy destructivas.
En los últimos meses, un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia, dirigidos por Medófilo Medina y Carlos Medina Gallego, emprendió un nuevo trabajo de reflexión sobre las FARC. Definitivamente no abordaron el tema desde una perspectiva independiente.
Olivo Saldaña habló ampliamente acerca de las verdaderas intenciones del movimiento "Colombianos por la paz" (CPP) de Piedad Córdoba, y sobre la ambigua posición de los dirigentes del Polo Democrático ante las FARC.
Colombia debería abrir los ojos ante las sofisticadas maniobras mediáticas de las FARC. Los periodistas deberían plantearse estas preguntas: ¿Cómo es posible que un periodista acepte jugar un papel en una operación de propaganda de las FARC?
La nueva maniobra de las Farc es transparente. Una vez más la banda terrorista, severamente golpeada en 2008 pero no desmantelada del todo, está explotando su frágil margen de maniobra para darse una infame publicidad en el extranjero.
Ingrid Betancourt expuso ciertos conceptos sobre las Farc. El más problemático tiene que ver con la naturaleza de esa organización. “El día que las Farc entreguen a los secuestrados dejan de ser terroristas”, declaró.
Una cosa es el presunto accionar criminal y secreto de ciertos elementos corrompidos de las fuerzas del orden y otra la política del Estado para debilitar a los grupos irregulares.
Ingrid imagina unas FARC muy especiales que sin dejar de ser FARC aceptarían venir a discutir sus ideas “bajo el paraguas de la democracia, bajo las leyes y la Constitución colombiana”. Extraña imagen, extraño escenario.
El gobierno francés piensa darle en estos días (o se la dio ya muy discretamente) la Legión de Honor a Carlos Lozano Guillén, el director de Voz, semanario del Partido Comunista Colombiano (PCC). Pero el gesto de la diplomacia francesa creó o creará una situación absurda.
París celebró la liberación de Ingrid Betancourt como una victoria propia. Sin embargo, la orientación francesa fue pedirle siempre a Bogotá que desistiera de todo intento de rescate militar de la rehén. Ingrid, a su vez, contribuyó a reforzar el inmerecido triunfalismo de París al proclamar: “Le debo todo a Francia”.
Tras una fachada de serenidad interior, hay una enorme angustia entre los dirigentes del Polo. ¿Cuándo, se preguntan, la opinión abandonará al presidente Alvaro Uribe? En el Polo muchos parecen estar a la espera de eso, de un hecho extraordinario, de una convulsión enorme que golpee al país y les abra a ellos una avenida.
Chávez no le pidió a las Farc que se disolvieran, no dijo que les retiraba su apoyo, no les ordenó salir del territorio venezolano, no les sugirió que abandonen el tráfico de drogas, no les exigió que dejen de aspirar a la toma del poder en Colombia.
El ideario de Correa sobre Colombia puede resumirse en una frase: "El problema de Latinoamérica es Colombia". El jefe de Estado ecuatoriano estima que Colombia, por rechazar el populismo marxistoide que puso de moda en Venezuela Hugo Chávez, y que el ecuatoriano trata de aplicar penosamente, merece ese insulto.
La mediación de Chávez, que los colombianos saludaron, fue desfigurado enseguida por él mismo cuando abogó por las FARC y el Eln como organizaciones armadas no terroristas. Al final, Chávez terminó convertido en un partidario extremo de las FARC. La farsa de su "neutralidad" cayó a tierra y ello dificultará su trabajo de expansión neo-imperialista en Latinoamérica y su trabajo de lobby ante las cancillerías europeas.
La historia de Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, una de las tantas víctimas "políticas" de las FARC, revela nuevos detalles de la verdadera naturaleza de ese movimiento fascista-bolchevique. Ante el clamor de los colombianos para que el niño fuera entregado a su abuela, el jefe terrorista Manuel Marulanda proclamó que ese menor, cuyo padre es uno de los hombres que vigilaba a Clara Rojas, era "propiedad de las FARC".
Según la dirección nacional de la Policía, las FARC declararon que los candidatos "uribistas", es decir los de los partidos de la coalición gubernamental eran "objetivo militar." Sin embargo, entre los candidatos que han sido asesinados, algunos pertenecen a partidos de la oposición, como el Partido Liberal. Las organizaciones de Derechos Humanos, mudas.
Es falso decir, como se apresuró a proclamar Radio Caracol de Bogotá el 20 de septiembre, que la declaración hecha por el Polo Democrático Alternativo rechazó “todas las formas de violencia”. Si se examina con atención ese texto, tal fórmula no existe. Lo que los jefes del opositor PDA condenaron son las formas más extremas de la violencia, pero no la violencia política en general, a secas, como lo haría un verdadero partido demócrata.
¿Logrará Chávez arrancarle los rehenes a las Farc? No es imposible que lo logre, pues el hombre ganaría mucho con ello, aunque no será cosa fácil. Prisioneras de sus propias obsesiones, las Farc han dicho que no liberarán a nadie mientras el presidente Uribe esté en el poder. Han hecho saber que no soltarán a nadie hasta que no les entreguen una zona “desmilitarizada” más grande que Nueva York para hacer de las suyas.