Michael John Gerson (Nueva Jersey, 1964) es investigador asociado del Council on Foreign Relations. Entre 2001 y 2006 fue el principal redactor de discursos del presidente George W. Bush. Fue miembro del Grupo Irak de la Casa Blanca. En la actualidad, Gerson escribe regularmente una columna para el Washington Post y participa de diversas iniciativas relacionadas con el combate a la pobreza y a la propagación del SIDA en África.
La descarga de los archivos de Wikileaks -- que ilustran la corrupción afgana, la mala fe paquistaní y la dureza de los talibanes -- revela poco de novedad. Pero intensificará una especie de desesperada necesidad colectiva.
Después de cuatro años de brutales incursiones, limpieza étnica y violación sistemática en Darfur, Sudán -- y casi tres años después de que la administración Bush declarase esto un genocidio -- el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado por fin una fuerza de pacificación creíble. Para los 2 millones de desplazados en los campos, esto es un rayo de esperanza en el horizonte. Para 200.000 de los muertos, llega demasiado tarde.
La campaña de Romney ha despertado el debate hibernante acerca del papel de la religión en la política americana. Los progres tienden a argumentar que todas las creencias teológicas, incluyendo el mormonismo, son fundamentalmente privadas y peligrosamente coaccionadoras como base de política pública. Algunos conservadores religiosos están preocupados porque la teología mormona resulta demasiado excéntrica para ser recibida en la Casa Blanca.
Habiendo perdido la atención favorable de la sensibilidad global que acompañó a los ataques del 11 de Septiembre, los norteamericanos se sienten inseguros y solos.
A través de Sudán, el norte de Uganda y el este del Congo, muchos han vivido a la sombra de la violencia durante décadas. Unos cuantos salvajes son leales a la oscuridad.
Uno de los problemas más frustrantes en Irak parece generar una cantidad ínfima de rabia. En una especie de experimento químico maligno, potencias hostiles están añadiendo catalizadores al emulsionador caos de Irak. Irán introduce de contrabando los dispositivos explosivos avanzados que matan y merman a los soldados americanos. Siria permite el tránsito de terroristas suicida que asesinan a iraquíes en mercados y mezquitas, alimentando el odio sectario.