George F. Will es un periodista, comentarista y escritor norteamericano ganador del Premio Pulitzer. Cursó estudios de grado en el Trinity College de Hartford (Conecticut) y luego obtuvo una maestría en Oxford y un doctorado en Princeton. Ha sido columnista de The Washington Post y Newsweek por más de 30 años y contribuye reguarmente con otras publicaciones norteamericanas.
Algunos desastres - la caída de la Bolsa de 1929, Pearl Harbor, el 11S - se han presentado como un relámpago de verano, sin previo aviso. La crisis inminente de la estructura piramidal del bienestar de Estados Unidos es diferente. Impulsada por la demografía de una población envejecida, sus causas, momento y alcance son conocidos.
Barack Obama recorrió de puntillas la noche del miércoles la cisura que bifurca el cerebro del Partido Demócrata. La sima longitudinal separa el lóbulo John Quincy Adams del lóbulo Sigmund Freud.
La sentencia resuelta por la Corte Suprema la semana pasada que liberaliza sustancialmente el discurso político ha provocado un torrente edificante de exageraciones.
Después de los terribles resultados electorales de los Demócratas en Virginia, Nueva Jersey y Massachussets, a Obama no le queda otra opción que moderar su agenda de agravios consistente en sacrificar cada vez más sectores de la sociedad en el altar del estado.
Si los Demócratas líderes del Congreso están decididos a proseguir su kamikaze singladura hacia su defunción definitiva, ignorarán la redundante prueba de Massachussets de rechazo entre la opinión pública.
El primer año de administración Obama se dedicó deliberadamente a agravar la crisis fiscal. El chorro de gasto, junto a un nuevo derecho social sanitario multibillonario, constituye la mitad del plan del progresismo de elevar radical y permanentemente el control del gobierno sobre la riqueza de la nación.
Aunque los Demócratas creen que su legislación de reforma de la sanidad encara un trámite de aprobación sin obstáculos hasta su implantación, hay un obstáculo insalvable al frente - un desafío constitucional a la piedra angular de la legislación.
Hicieron falta años del prurito redistribuidor del progresismo para dar lugar a un impuesto sobre la renta tan acusadamente progresista que provocó la espantada del estado de los creadores de riqueza: "Entre 1990 y 2007", escribe Voegeli, "alrededor de 3,4 millones de estadounidenses más se mudaron de California a alguno de los 49 estados restantes de los que se mudaron a California desde otro estados".
Antes de Darwin, mucha gente creía que ninguna especie podía extinguirse debido a que esto significaría que había sido una imperfección de la obra original de Dios.
Las diferencias más espinosas en la actualidad entre anglicanos conservadores y progresistas se refieren a los sacerdotes homosexuales y las sacerdotisas. Pero muchos de los conservadores anglicanos a los que Roma está haciendo gestos son idóneos para ser especialmente serios con las diferencias teológicas con Roma que durante casi cinco siglos han definido el anglicanismo, incluyendo la naturaleza de los sacramentos, la adoración a María, y la infalibilidad del Papa.
Fue una coincidencia proverbial alcanzar clímax casi simultáneos en Copenhague y en el Congreso. El importante avance del primero es imperceptible, el del segundo es desagradable a la vista.
Precipitándose a imponer a la nación caros compromisos en materia de sanidad y cambio climático sin vuelta atrás, los Demócratas son presa de una comprensible histeria porque el entusiasmo de la opinión pública por ambas cruzadas viene siendo inversamente proporcional al tiempo que la opinión pública dispone para pensar en ellas.
La divulgación de los correos electrónicos de la Unidad de Investigación del Clima en Gran Bretaña pone de manifiesto la voluntad de ciertos científicos de ocultar o maquillar datos y manipular el proceso de revisión cotejada y la publicación de trabajos científicos. Los materiales de la Unidad también evidencian la paranoia por parte de los científicos convencidos de que intentando inventar “el consenso” y alertar del calentamiento, constituyen una minoría valiente y en conflicto.
Barack Obama, que pidió ser presidente, merece sin embargo nuestra compasión por tener que partir de donde Estados Unidos se encuentra en Afganistán. Pero después de haber prometido “acabar el trabajo”, Obama reveló el martes que cree que el trabajo en Afganistán es salir de Afganistán. Esta es una política irresponsable.
Otro gigantesco huracán destructor de riqueza está a punto de asolar a Estados Unidos, llevándose miles de millones de dólares en propiedades a su paso. ¿Otro Katrina? No, otras Navidades.
¿Qué ciudad contribuyó más a la creación del mundo moderno? ¿El París de la Ilustración y después de Napoleón, pionero de los ejércitos napoleónicos modernos y del estatismo nacionalista? ¿Londres, decano de la democracia parlamentaria y centro de la economía? O tal vez Titusville, Pensilvania.
En 2006, mucho antes de que hubiera una administración Obama decidida a imponer un sistema sanitario federal centralizado, un joven cirujano ortopedista entró en el Goldwater Institute con la idea de proteger a los habitantes de Arizona de la injerencia de instancias administrativas superiores en asuntos de salud.
El siglo XX tuvo 100 años de magnitud. Rebosó de bárbaros combatiendo credos, guerras que abarcaron continentes, y un periodismo gráfico que asaltaba a una audiencia mundial con escenas de sorprendente cercanía.
Uno de los muchos anuncios televisivos que instan a la audiencia a comprar oro afirma solemnemente que se trata de un activo cuyo valor "nunca se ha desplomado", una presunción que ciertamente sienta un precedente de minimalismo. Aun así, el apetito de oro del mundo como opción de inversión se está intensificando.