La teoría del realismo político asume que las relaciones internacionales no están sujetas a ningún orden. No existe entidad supranacional que las gobierne. Los estados soberanos son los verdaderos actores de las relaciones internacionales de modo que se presume que actúan con racionalidad en búsqueda de su propio interés nacional. Este no es el caso de la Venezuela bolivariana.
Hans Morgenthau, uno de los más prominentes proponentes del realismo político sostiene que esta teoría evita la falacia de igualar la política exterior de un estadista con sus simpatías políticas a pesar del hábito de algunos de presentarla en términos ideológicos para obtener apoyo dentro y fuera del país. La teoría asume que los estadistas siempre distinguirán entre su “deber oficial”, es decir pensar en términos del interés nacional, y su “deseo personal”.
Como se ha demostrado en Honduras, Morgenthau admite que la racionalidad y la objetividad no siempre están presentes en toda política internacional. Los elementos contingentes de la personalidad, los prejuicios y las preferencias subjetivas así como todas las debilidades del intelecto, con frecuencia desvían la política exterior de su curso racional, especialmente cuando las emociones populares intervienen como apoyo.
Sin embargo, para un estudio riguroso de la teoría del realismo, que asume que todos los actores son racionales, es necesario, según Morgenthau, hacer abstracción de los elementos irracionales para poder pintar el cuadro teórico completo.
El realismo chavista Hacer esa distinción en la política exterior bolivariana es imposible. En esto estriba la dificultad de algunas cancillerías del mundo para entender el caos creado en Honduras y que este sea precisamente el resultado de una personal e irracional política exterior. Bastó que transcurrieran dos o tres días de la defenestración de Manuel Zelaya para que quedara claro que un país del tercer mundo encabezado por un líder con arrestos napoleónicos deviniera en una caricatura del mismo imperio que proclama destruir.
Entre los estados mequetrefes que siguen las directrices de esta nueva versión de ministerio de colonias, conocido como ALBA, se incluye, paradójicamente, a Cuba que exhibía hasta hace poco una asertiva política exterior mientras el tracto intestinal de Fidel Castro funcionó normalmente.
Morgenthau sostiene que aquellas desviaciones de la racionalidad en política exterior que no son el resultado de caprichos y excentricidades o de sicopatologías, pueden ser partes de un sistema coherente de irracionalidad. El autor alude a la posibilidad de lo que él llama como “caprichos, excentricidades o sicopatologías”, puedan coexistir con un coherente sistema de irracionalidad, seguramente porque sus observaciones no alcanzaron hasta la revolución bolivariana. Sin embargo no las rechaza de plano.
En la obra que nos ocupa, Politics Among Nations: The Struggle for Power and Peace, (New York: Alfred A. Knopf, 1978), Hans J. Morgenthau sugiere que “es cuestión de analizar si los instrumentos conceptuales provistos por la moderna sicología y siquiatría podrían habilitar a la ciencia política a construir una contra-teoría de política irracional, algo así como la patología de la política internacional”.
El escenario El desarrollo de una contra-teoría de política internacional irracional, según Morgenthau, debe comprender cinco factores que, nada extraño, se observan en la revolución bolivariana: la imposición sobre el mundo empírico de un cuadro a priori más simplista en el cual la superstición sustituya a la experiencia; rehusar cualquier cambio de este cuadro a la luz de nuevas experiencias; persistir en que la política exterior se deriva de una errada interpretación de la realidad y de la inteligencia, con el propósito, no de adaptar la política a la realidad, sino reinterpretar la realidad para adaptarla a la política exterior; estimular el ego de los hacedores de la política exterior para que amplíen la brecha entre la percepción y la política por una parte, y la realidad por la otra; finalmente, cerrar con urgencia, con cualquier clase de acciones, la brecha que haga creer al jefe de Estado su control sobre la obstinada y desobediente realidad.
¿Algún escenario mejor que la revolución bolivariana para el desarrollo de una contra-teoría de la política internacional irracional?