¿Qué deberían hacer las escuelas que quieren estar en la vanguardia de nuestros tiempos? Quizá preocuparse más por algunas dimensiones del aprendizaje humano que vayan más allá de los convencionalismos escolares.
¿Qué deberían hacer las escuelas que quieren estar en la vanguardia de nuestros tiempos? Quizá preocuparse más por algunas dimensiones del aprendizaje humano que vayan más allá de los convencionalismos escolares. Entendamos que estamos hablando de asuntos educativos que van más allá de cumplir adecuadamente con un currículo exigente, apelando a las más modernas tecnologías y técnicas pedagógicas, con un buen soporte psicológico y en el contexto de un buen clima institucional. Eso es algo básico que debe existir en toda escuela.
Más allá de ello, creo que hay cuatro planteamientos en los que vale la pena pensar. Propongo que todo alumno que egrese de la secundaria acredite las cuatro cosas siguientes: 1) Ha cumplido 100 horas de prácticas laborales juveniles, (para lo cual los ministerios de educación y trabajo habrán hecho las precisiones legales del caso para facilitarlas en buenas condiciones). 2) Ha cumplido 100 horas de trabajo social. 3) Ha cumplido con elaborar una monografía siguiendo todos los parámetros académicos que esto demanda. 4) Ha realizado una innovación o invento.
¿Por qué estas propuestas? Porque decididamente contribuyen a la formación personal, cívica, académica y científica de nuestros jóvenes. Veamos.
1). En un mundo laboral planetario que sigue las reglas de la globalización y en el cual hay un frecuente desempleo profesional, es bueno que los alumnos se entrenen desde jóvenes para conocer el mundo del trabajo, cosa que nunca lograrán en las aulas escolares o universitarias. Esto es particularmente importante en el sector servicios, no solo porque allí está la mayor parte del empleo moderno sino además porque suelen ser ocupaciones abiertas para jóvenes que quieren trabajar por horas. Alguna experiencia en una pequeña empresa es un buen complemento. 2). En países en los que campean la corrupción, pobreza, inequidad, indiferencia al dolor ajeno e ineficiencia del estado para dar servicios a los necesitados, comprometerse a hacer trabajo social en apoyo a personas e instituciones que tienen carencias diversas y requieren del apoyo solidario del prójimo, genera experiencias que permiten conocer y comprometerse con el país más allá de las asépticas aulas escolares. 3). Los estudiantes escolares apegados a la secuencia lógica de la disciplina académica que estudian, sea matemática, biología, literatura, historia, etc. no están habituados a estudiar a fondo un tema interdisciplinario, a plantearse un problema y buscar la información que le de respuesta. Aprender a hacer monografías ayuda a este propósito académico. 4). En países en los que los jóvenes se dedican a memorizar, copiar e importar costosa ciencia y tecnología, alentar a los jóvenes a pensar, crear, innovar e inventar desde pequeños, no solo les aporta a su autoestima y capacidades científicas sino que obliga a los docentes a organizar sus actividades educativas en función de estos valores, a romper con la cultura de la copia y estimular la tan necesaria innovación.
Si las universidades se identificaran con estas propuestas, podrían motivar a las escuelas a asumir estas actividades aprovechando la influencia que tienen en los quehaceres escolares a través de los requisitos que exigen a los postulantes para su admisión. Así como las universidades impusieron en los colegios los exámenes de selección múltiple, el formato de los órdenes de mérito, los cursos de aptitud numérica, verbal y hasta de redacción de ensayos, el entrenamiento para pasar una entrevista y el armado de portafolios con las actividades no académicas o escolares meritorias acumuladas por el postulante, así mismo podrían hacerlo con estos nuevos requisitos para la admisión.
De esta manera, sin que tenga que mediar el ministerio de educación, las universidades podrían proponer nuevos componentes relevantes para la formación de los jóvenes. Eso las obligaría además, para ser coherentes, a introducir en su propio currículo universitario actividades que continúen con esta primera experiencia que viene desde la escuela, para que quien se gradúe de la universidad se lleve un bagaje de formación integral mucho más completo.