Caso General Felipe Rodríguez, Raúl Díaz Peña y Silvio Mérida Ortiz, presos políticos
La dignidad de 3 grandes hombres
Son las víctimas apropiadas de la tiranía que vive hoy Venezuela. Que se parece mucho a una de las peores que ha habido, la de Hitler en Alemania, porque se basa no en una ideología, sino en el principio que una persona es un semidios perfecto que lo sabe todo, que no se equivoca, y por lo tanto tiene el derecho y el deber de mandar a los demás, un Führer, pues.
Mientras mayor sea la honorabilidad de la persona, este tipo de régimen más se afinca en destruirla
Esta tiranía empezó como aquella, con muchísima popularidad, porque lamentablemente la demagogia toma su tiempo en ser descubierta, y mientras eso sucede, ocurren tragedia tras tragedia y miles o millones de personas son gravemente perjudicadas.
Y esa demagogia funciona sólo a través del odio, echarle la culpa a las víctimas fáciles: "Si hay Generales honorables que por eso nunca se prestarán para la destrucción de la institucionalidad militar, o civiles capaces de defender la democracia, pues a esos hay que enlodarles la reputación para que mi gente los repudie, y quemarlos en la hoguera de alguna forma, preferiblemente echándoles la culpa de algo".
Ahora, que en verdad tengan que ver con las cosas que se les acusan, es asunto irrelevante. Y uno de los perjuicios predilectos de este tipo de tiranos de origen popular, es utilizar su capacidad de comunicación para confundir a quienes les creen, con el objeto de difamar, injuriar y destruir la reputación de las personas honorables.
Es más, mientras mayor sea la honorabilidad de la persona, este tipo de régimen más se afinca en destruirla, porque el valor, el honor, la capacidad y la inteligencia que demuestran las personas que no siguen al Caudillo o Führer son como luces que demuestran por contraste la oscuridad del comandante en el poder, demuestran sus carencias, y el demagogo tiene que apagar esas luces a como de lugar para no quedar en patética evidencia.
Es un preámbulo para referirme al General Felipe Rodríguez, a Raúl Díaz Peña y a Silvio Mérida Ortiz. Fueron acusados por el mismo caso, relacionado con las explosiones a la Embajada de España y Colombia, con los cargos de rebelión militar y otros más para el primero, y algunos como los de intimidación pública y agavillamiento para los segundos. Para los acuciosos interesados pueden acceder a mi sitio en Internet.
Ojala, para que les dé ánimos, lo que les voy a decir a ellos, días próximos a una sentencia que habrá de condenarlos o absolverlos, que de prevalecer el derecho y la autonomía del poder judicial, debería ser la de proclamarlos inocentes. Han quedado en evidencia que los argumentos en su contra, dado que no llegan a pruebas, no encontraron asidero jurídico.
Pero sabemos, y debe entenderse, porque se trata de presos políticos, que no es tal el propósito de hacer justicia ni aquello de la independencia de una juzgadora, quien tendrá el peso de una orden superior a la que debe responder para seguir ganándose el sustento y ante casos como éste, uno se dice: ¡que va a estar teniendo conciencia! Que Dios permita hacerle sentir que actuar con principios es el mejor legado en nuestra herencia.
General de División (Gn) Felipe Rodríguez Comienzo por referirme al General de División, Felipe Rodríguez. Siendo tan cobarde Hugo Chávez como es, que se raja como se rajó el 4 de febrero, 11 de Abril, y cada vez que una ciudadanía desarmada e inerme se le planta bien parada; los militares con la valentía de exponerse a los peligros como los que él, el general, ha venido enfrentando hasta hoy sin doblegarse, pues tienen que infundirle mucha envidia, y en una persona tan resentida como él, pues odio puro y simple.
Por defender la institución militar y proclamarlo ante esa juez que insistió en interrumpirlo hasta el punto de negársele la única declaración a la que tenía derecho en una de las audiencias pasadas, luego de varios años encarcelado y siete meses de juicio, ante los ojos de quienes estábamos ahí, como quien suscribe, el hecho además, de proclamar y defender los principios en defensa de la nación con su democracia y el ciudadano en los que fue formado, y que respondiera sin ambages que es “disidente” al preguntársele sobre su profesión, tras hacer valer por sentado en actas que se le impidió el derecho constitucional de expresarse en legítima defensa, debe llegar como mensaje a sus compañeros de armas que se perdieron en el camino del servilismo.
Quien ha logrado llegar a su rango y posición por honor y mérito, tienen que suscitar la misma envidia y resentimiento en quien obviamente no los tiene. Como el general Felipe Rodríguez no fue comprado por la llamada revolución del siglo 21, tienen que intentar destruirlo; y de hecho lo intentan con el mecanismo preferido por el régimen: La acusación sin pruebas, sin fundamentos, pero eso sí: repetida mil veces, como recomendaba Joseph Goebbels. Precisamente allí está la demostración de su dignidad: Ser objeto del terrorismo de estado de este régimen.
Y no se preocupe, general, que el Honor en la Guardia Nacional, que es su divisa, pero hoy en día no se le divisa, muchos como yo todavía la divisamos pero en Usted.
Raúl Díaz Peña Se trata de un joven que fue privado ilegalmente de su libertad, desde hace más de cuatro años. Era estudiante de ingeniería civil en la Universidad Santa María, campeón de natación y por frecuentar la Plaza Francia de Altamira, el lugar donde Militares Democráticos se declararon en desobediencia legítima el 22 de octubre de 2002, contra el régimen de Hugo Chávez, entre ellos el general Rodríguez, de pronto se encontró acusado de haber participado en las Explosiones de la Embajada de España y el Consulado de Colombia.
El preso político venezolano más joven de Venezuela, si pudo rendir su declaración ante el tribunal que lleva la causa, el Juzgado Cuarto de primera Instancia, cuya titular es la doctora Migdalia Añez González. Cuando se dice la verdad se tiene aplomo. Y así se presentó. En realidad fue muy coherente e hizo un recorrido bien completo desde los días cuando llegó a la Plaza Altamira.
Salieron a relucir todas las irregularidades procesales cometidas por algunos funcionarios bajo las instrucciones del Fiscal Gilberto Landaeta, quien actualmente afronta un proceso penal y serias acusaciones por las presuntas irregularidades en el desempeño de sus funciones. De ahí que Raúl Díaz Peña mencionó la trampa que el Ministerio Público le tendió a los fines que fuera practicada su detención, entre otras.
De todos modos, aunque su abogado, la doctora Aura Bartolomeo Díaz, nos refiere que esta declaración aportada no es un elemento vinculante como prueba en sí, pero concatenado a las demás “pruebas” evacuadas, su exposición declaratoria tendría y debería de servir para que se imponga su inocencia.
Silvio Mérida Ortíz Cuando lo detuvieron cuerpos policiales simulando un secuestro, varios días sin comer, sin tomar agua, sin permitirle el uso de un baño para sus necesidades, tenía que hacerlas sobre su ropa, fue llevado a unos sótanos donde lo obligaron a desnudarse. Le vendaron los ojos hombres encapuchados, le amarraron las manos, por los tobillos lo ataron con unas cadenas y lo colgaron del techo. Tomaban su miembro para jalarlo con una pinza.
Recibió descargas de electricidad en los pies. Lo quemaron en las muñecas, en los costados. Le negaron además ingerir los medicamentos que requiere para controlar su cuadro de epilepsia e hipertensión. Todo aquello parecía no ser suficiente para sus verdugos, luego fue objeto de amenazas. La de matar a sus hijos si no decía lo que ellos querían. Hacerlo responsable de las explosiones. Es apenas muy poco de todo lo que escuché. Un testimonio de 3 horas.
Un caso de simulación de secuestro, torturas físicas y psicológicas, es parte de lo que le ha tocado padecer a Silvio Mérida Ortiz. De 42 años de edad, ingeniero, también imputado por la presunta participación en la colocación de explosivos en las sedes diplomáticas de Colombia y España en el 2003. Ha manifestado ser inocente. Su abogado Rigoberto Quintero ha presentado alegatos que lo confirman.
La juzgadora, Migdalia Maria Añez González visiblemente se molestaba al punto de perder los estribos, interrumpía para decirle que resumiera su narración. Y lo indigno, ni ella ni el ministerio público se encargaron de las investigaciones de rigor que requería y requieren todas esas violaciones de los derechos humanos denunciadas, más aun cuando Silvio Mérida mencionaba a responsables.
Raúl Díaz Peña y Silvio Mérida, en vista de los embates por parte de la juzgadora contra su compañero de expediente, el general Felipe Rodríguez y la expulsión insólita y abusiva de su abogada defensora, quedando acéfalo de defensa y aun así pretendieron, pretendieron obligarlo como quedó reflejado en las actas para que contestara más preguntas, a las que el general en todo momento se negó a responder, en uso de lo que dejó constar antes, se levantaron de sus sillas. Y así expresaron su solidaridad.
Por los momentos no deben preocuparse ustedes de más, por cosas como su reputación. Propios y extraños sabemos que las imputaciones no tienen fundamento. Próximos a ser sentenciados, roguemos a Dios para que se impongan la justicia y los principios fundamentales del derecho.
Lo que hemos narrado es una muestra del arrojo y de la dignidad de 3 grandes hombres. Presos políticos.