Rajoy lo mantuvo entre las cuerdas: “señor Zapatero, usted ha agredido a las víctimas del terrorismo”
A Zapatero se le quedaron las cejas tiesas
El primer efecto de imagen al mirar ese recargado de panqué en el rostro de Zapatero con las cejas circunflejas maquilladas para aumentar sus ángulos, ha tenido que lucir repugnante ante los ojos de cualquier ciudadano que pudo apreciar el primer debate televisivo de este lunes 25 de febrero.
Mariano Rajoy, del Partido Popular, se presentó al natural
Ese acartonamiento y prestarse, rayó además en lo ridículo, en la que lo hizo deslucir, como si se tratara de dejarlo en evidencia, un Mariano Rajoy se presenta al natural.
Y lo logra nada menos, el hombre quien para muchos su personalidad no tiene enganche, un argumento que habrá quedado desvirtuado.
Por el contrario, los pequeños brillos los de su cara, alternaban con las de su talante. Dando muestras si a ver vamos, de un dominio de escena, con un hasta elegante destape gestual capaz de atrapar al televidente, que le permitió a Mariano Rajoy, del Partido Popular, rival del presidente Zapatero que va por el PSOE, lograr dos cosas muy importantes: autenticidad y credibilidad.
ZP insistió en lo que mejor sabe hacer, ávido de dramatismo, cuyos argumentos con insistencia caían uno a uno del tendedero, por la inconsistencia. Sin esfuerzo alguno, con firmeza sí, pero sin perder la compostura, Rajoy lo mantuvo entre las cuerdas, hasta el punto de increparle y decirle: “señor Zapatero, usted ha agredido a las víctimas del terrorismo”.
No le quedaba al socialista aspirante a la reelección más remedio que seguir bajo la insistencia de interrumpir cuando hablaba Mariano, incluso muchas veces por el tono subido de su voz, se perturbaba el audio. Asunto que no hizo su adversario, que a diestra y siniestra se dio el lujo de esperar turno, integro, con moderación.
Esta vez, las poses histriónicas o mejor digamos, el dramatismo, no le dieron resultado a Rodríguez Zapatero en el debate transmitido por televisora española. Es que no parecía un aventajado pupilo de sus titiriteros “panas” (como decimos en Venezuela a los compinches). A falta de argumentos a futuro, por el empeño de trasladar al pasado a su contrincante, quedó en la más absoluta soledad con sus cejas -símbolo de su campaña- que de tanto maquillaje, ni se movieron. Quedaron tiesas.