Costa se preguntaba si ya era hora de que le llegase su turno al pueblo, pero yo me pregunto, si tal como están las cosas, el pueblo podrá decir, sin violencia que ya es su hora o si, por el contrario, tendrá que haber de nuevo, para conquistar (volver a conquistar una vez más) libertades y derechos que derramar sangre.
Joaquín Costa, en sus escritos, señalaba la incuria de los políticos, la desidia general.
Joaquín Costa pensaba que España era víctima de la incultura de los españoles, del poder de los caciques, del retraso y falta de desarrollo de la agricultura, de la casi nula inversión en obras públicas para modernizar el país.
Joaquín Costa, en sus escritos, señalaba la incuria de los políticos, la desidia general. Joaquín Costa es, con seguridad, el más alto representante de lo que se denominó, allá por la segunda década del siglo XX, el Reformismo.
España necesitaba una reforma urgente y en profundidad.
En un texto suyo, de Costa, tomado del "Idearium", podemos leer: "Los labradores y braceros del campo, los menestrales, obreros de la industria y proletarios, que son en España más de diez y siete millones y medio, han pagado con ríos de sangre y de oro, en cien años de guerra, la civilización que disfruta el medio millón restante: sus libertades políticas, su derecho de asociación, su inviolabilidad del domicilio, su seguridad personal, su libertad religiosa, su libertad de imprenta, su desamortización, sus comodidades, su prensa diaria, sus teatros, sus ferrocarriles, su administración pública, su Parlamento; todo eso que a la masa de la nación no le ha servido de nada ni le sirve, porque el pueblo no sabe o no puede leer, no se reúne, ni se asocia, no imprime, no vota, no viaja, no le hostiga la duda religiosa, no compra ni usurpa haciendas al Estado, no conoce oficinas ni tribunales sino en figura, instrumentos de la opresión caciquil, incontrastables...
Y, sin embargo, esa minoría de ilustrados y de pudientes, clase gobernante, no se ha creído obligada a corresponder a tantos cruentos sacrificios con uno solo, dejando alguna vez de gobernar para sí, gobernando un día siquiera para los humildes, para la mayoría, para el país.
¿Parecerá ya hora de que le llegue su turno al pueblo?"
Es que esto me subleva. Es que no ha cambiado ni un ápice la situación en España. Es que todo sigue igual, antes para 17 millones y ahora para más de 40.
Es que Costa hablaba de los caciques como principales culpables y ahora tenemos que hablar de los políticos como únicos responsables.
Es que en España ahora hay un presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que tiene a Chávez, el de Venezuela, en su corazón y parece que en el fondo le admira.
Es que las libertades de las que habla Costa y que tanta sangre han costado al pueblo parece que no nos sirven porque no sabemos usarlas, disfrutarlas, porque el pueblo no las reclama y no las reclama, muchas veces, por ignorancia, porque no sabe hacerlo, por inculto.
Se proclama que hay que educar al pueblo. Pero el gobierno de Zapatero procura cada vez más una educación más endeble, más precaria para los escolares españoles. Parece que le interesa tener ciudadanos incultos, y adoctrinados políticamente.
Un pueblo español inculto, por otra parte, no se escandalizará de que gentes iletradas alcancen, como está sucediendo hoy en España, puestos políticos relevantes. El Presidente del Parlamento de Cataluña (Comunidad autónoma), Benach, no tiene carrera alguna. El Presidente de Cataluña (Comunidad autónoma), Montilla, no tiene carrera alguna. El Presidente del gobierno español, Zapatero, cursó Derecho a trancas y barrancas, no habla ni un solo idioma extranjero y no se ha cultivado en nada porque presume de haber jugado al baloncesto y de haber leído a sus dos niñas 500 veces el libro de Bamby.
España, según el informe Pisa, está a la cola de la educación de Europa y con escandalosas desigualdades en educación según el territorio (la autonomía) en la que se viva.
Tenía razón Costa. Son de rabiosa actualidad los escritos de Costa.
Los políticos, decía Costa, que eran déspotas. Los políticos siguen siendo lo mismo. Se ríen del pueblo. El pueblo es chusma para ellos. Le hablan y se acercan a él cuando necesitan sus votos. Sólo cuentan con el pueblo para pedirle el voto. Bueno y para recaudar impuestos.
Costa se preguntaba si ya era hora de que le llegase su turno al pueblo, pero yo me pregunto, si tal como están las cosas, el pueblo podrá decir, sin violencia que ya es su hora o si, por el contrario, tendrá que haber de nuevo, para conquistar (volver a conquistar una vez más) libertades y derechos que derramar sangre.
Triste destino el de la historia del pueblo, del ciudadano de a pie. Por eso Costa es muy actual.